Estás en la tienda de comestibles. Tu hijo de 4 años quiere el cereal con el tigre de dibujos animados. Dices que no. De repente, está en el suelo, gritando. Sientes las miradas. Tu corazón se acelera. Y en algún lugar de tu mente, una voz susurra: ¿Por qué están actuando así? ¿Qué estoy haciendo mal?
Paremos justo ahí.
Desde una perspectiva psicológica, las rabietas no son mala conducta; son una forma de comunicación. Son la manera en que un niño dice: “Estoy abrumado y todavía no tengo las herramientas para manejar este sentimiento”. Entender esto no significa renunciar a los límites. Significa responder de una manera que ayude a tu hijo a construir las habilidades de regulación emocional que aún está desarrollando.
¿Qué ocurre en el cerebro durante una rabieta?
Las rabietas son más comunes entre los 2 y los 6 años, cuando el cerebro emocional (sistema límbico) está muy activo, pero el cerebro pensante (corteza prefrontal) aún está en construcción. Esto significa que cuando un niño está cansado, sobreestimulado o frustrado, su capacidad para pausar, reflexionar o usar palabras es limitada.
En estos momentos, no están siendo “malos”, a menudo están desregulados. Su sistema nervioso está en modo de lucha o huida. Lo que necesitan no es una charla. Necesitan co-regulación: un adulto calmado y constante que pueda ayudarles a sentirse lo suficientemente seguros como para calmarse.
Qué hacer en su lugar: regular primero, enseñar después
Cuando interpretamos las rabietas como “mala conducta”, a menudo respondemos con castigos o sermones. Pero en medio de una crisis, el cerebro del niño no está en condiciones de aprender.
Aquí tienes una mejor forma de responder:
Mantente calmado: Tu sistema nervioso marca el tono. Si te alteras, tu hijo también lo hará.
Ofrece presencia, valida el sentimiento: Siéntate cerca. Di algo simple como: “Te está costando. Estoy aquí.”
Espera a que pase la ola. Una vez que tu hijo esté tranquilo, entonces puedes hablar sobre lo que ocurrió.
Nombra el sentimiento. “Estuviste muy frustrado cuando dije que no.” Esto desarrolla la alfabetización emocional.
Enseña una habilidad. “La próxima vez, puedes decir: ‘¡Estoy enojado!’ y pisotear el suelo tres veces.”
Este enfoque no significa dejar que tu hijo “se salga con la suya”. Significa enseñarle cómo sentir algo difícil y mantenerse conectado contigo. Esa es la base de la resiliencia emocional.
Cómo puede ayudar Anywhere Play
Los niños no aprenden la regulación emocional porque les digan “cálmate”. La aprenden a través de la repetición, la co-regulación y el juego. Ahí es donde entran herramientas como las de Kids Anywhere Play.
Prueba la respiración con globo
Esta herramienta puede ayudar a enseñar a los niños cómo ralentizar su respiración usando una guía visual y lúdica. Es una excelente forma de practicar habilidades de calma antes de que ocurra una crisis, y es lo suficientemente divertida como para que a los niños realmente les guste usarla.
Usa el Escáner de estado de ánimo
A menudo los niños no saben lo que están sintiendo. El Escáner de estado de ánimo les ayuda a nombrar sus emociones usando imágenes lúdicas. Es una forma suave de desarrollar la alfabetización emocional, el primer paso para aprender a autorregularse.
Un ejemplo de la vida real
Supongamos que tu hijo de 5 años tira un juguete cuando es hora de irse del parque. En lugar de decir: “Deja de portarte mal”, intenta:
“No querías irte. Eso es difícil. Ahora es hora de irnos. Puedes estar enojado, pero nos vamos.”
Más tarde esa noche, puedes abrir el Escáner de estado de ánimo juntos y decir: “Vamos a averiguar qué sentiste antes.” Esto convierte un momento difícil en uno de aprendizaje, sin vergüenza.
Cuándo buscar apoyo extra
Las rabietas ocasionales son normales. Pero si tu hijo tiene arrebatos frecuentes e intensos más allá de los 5 años, o si se hace daño a sí mismo o a otros, puede ser momento de consultar con un pediatra o un psicólogo infantil. A veces, las rabietas son señal de desafíos subyacentes que se benefician de apoyo adicional.
Pensamiento final: Las rabietas son una oportunidad para desarrollar habilidades
La rabieta de tu hijo no es un signo de fracaso. Es una señal de que todavía está aprendiendo. Cuando respondes con calma, conexión y consistencia, no solo detienes una crisis, estás ayudando a tu hijo a construir las habilidades que necesitará para la vida.
Y cuando usas herramientas como la respiración con globo o el Escáner de estado de ánimo, les das formas lúdicas y repetibles de practicar esas habilidades, sin la lucha de poder.

