Si alguna vez has visto a tu hijo venirse abajo por el vaso del color “equivocado” o luchar para pasar del juego a la cena, has visto la función ejecutiva en acción, o más bien, en apuros. No son simplemente “malos humores” o “fases tercas”. A menudo hay señales de que tu hijo aún está desarrollando las habilidades cerebrales que le ayudan a gestionar las emociones, cambiar de marcha y mantenerse concentrado.
¿La buena noticia? No necesitas un cuadro de conducta complicado ni un horario rígido para ayudar. Pequeños hábitos consistentes tejidos en la vida cotidiana pueden construir la base para la concentración, la flexibilidad y la regulación emocional.
¿Qué son las habilidades de la función ejecutiva?
La función ejecutiva es un conjunto de habilidades mentales que incluyen memoria de trabajo, flexibilidad cognitiva y control inhibitorio. Estas son las herramientas que usan los niños para planificar, concentrarse, recordar instrucciones y manejar emociones intensas. También son las habilidades que les ayudan a detenerse antes de gritar, cambiar de una actividad a otra y mantenerse tranquilos cuando las cosas no salen como quieren.
Estas capacidades no se desarrollan de la noche a la mañana. Crecen lentamente, mediante la repetición, la corregulación y, sí, el juego.
Pequeños hábitos que marcan una gran diferencia
Aquí tienes cinco hábitos sencillos y respaldados por la investigación que apoyan la función ejecutiva en los niños, y cómo puedes integrarlos en tu día sin añadir estrés.
1. Comienza el día con una señal predecible
Un ritual matutino consistente, como una canción, un estiramiento o una “misión” para completar, ayuda a los niños a pasar del sueño a la acción. Favorece la memoria de trabajo y marca el tono del día.
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2. Usa el juego para practicar la flexibilidad
Los juegos que implican turnos, cambiar de roles o adaptarse a nuevas reglas pueden ayudar a los niños a desarrollar la flexibilidad cognitiva, la capacidad de cambiar de marcha cuando los planes cambian.
3. Nombra y normaliza los sentimientos
Cuando los niños pueden nombrar lo que sienten, es más probable que lo gestionen. Esto construye la regulación emocional y reduce el comportamiento impulsivo.
→ Prueba esto: Mood Scanner convierte las comprobaciones emocionales en un juego. Úsalo antes de las transiciones o después de momentos difíciles para desarrollar la alfabetización emocional.
4. Incorpora microtransiciones
En lugar de cambios bruscos (“¡Hora de parar! ¡Ahora haz esto!”), usa cuentas regresivas, señales visuales o sonidos divertidos para ayudar a los niños a cambiar de actividad. Esto puede ayudar a apoyar la atención y la autorregulación.
5. Celebra el intento, no solo la victoria
Elogiar el esfuerzo (“¡Seguiste intentándolo incluso cuando fue complicado!”) fomenta la resiliencia y anima a los niños a perseverar en tareas difíciles, clave para la concentración y la atención.
Reflexión final: El progreso se construye en los márgenes
No necesitas transformar radicalmente tu crianza ni tu horario. Solo unos pocos momentos intencionales cada día —nombrar un sentimiento, pausar para respirar y celebrar un intento— pueden ayudar a tu hijo a desarrollar las habilidades que necesita para prosperar.
Porque cuando se trata de la salud mental de los niños, no se trata de hacer más. Se trata de hacer lo que importa, de manera consistente y con conexión.

